Observatorio El SaaStre · Excel
Pagas software. Pero tu empresa sigue funcionando en Excel.
Excel no es el problema. De hecho, es una herramienta extraordinaria.
El problema empieza cuando pagas un ERP, un CRM, un programa de facturación, gestión de proyectos, stock, producción o cualquier otra herramienta y, aun así, necesitas Excel para hacer lo que esos programas no consiguen resolver juntos.
Un Excel completa la información que falta, otro cruza datos, otro sirve para controlar lo pendiente y otro termina convirtiéndose en el informe que realmente utiliza la dirección. Mientras tanto, Comercial y Administración pueden estar trabajando con cifras distintas y alguien acaba manteniendo un archivo llamado FINAL_DEFINITIVO_3.xlsx.
Si tu empresa necesita Excel para completar lo que tus programas no hacen, no tienes un sistema. Tienes piezas.
Y alguien tiene que mantener esas piezas unidas cada día.
Excel debería ser un descargable.
No necesariamente tienes que dejar de utilizar Excel. Tiene todo el sentido descargar una relación de clientes, exportar ventas, preparar una simulación, hacer un análisis puntual o trabajar determinados datos fuera del sistema.
Lo que no debería ocurrir es que la realidad de tu empresa viva en Excel porque tus demás herramientas no consiguen representarla.
El dato debería nacer en tu sistema, actualizarse una vez y estar disponible para quien lo necesite. Si en algún momento quieres descargarlo a Excel, lo descargas.
Excel debería ser una salida de tu sistema, no el lugar donde reconstruyes tu sistema.
¿Por qué acabamos utilizando Excel aunque ya tengamos software de gestión?
Porque la mayoría de los programas están diseñados para muchas empresas.
Tu ERP tiene una forma de trabajar, el CRM tiene otra, la herramienta de proyectos tiene la suya, la aplicación de facturación conoce una parte de la realidad y el programa de almacén conoce otra. Tu empresa tiene que funcionar entre todas ellas.
Cuando una herramienta no cubre una necesidad concreta aparece una hoja de cálculo. Después aparece otra y, poco a poco, Excel empieza a actuar como intermediario.
Exportas información del ERP, la pegas en Excel, añades alguna columna, cruzas datos con el CRM, consultas qué cifra es la correcta, actualizas información y finalmente preparas el informe que necesitabas.
Eso no es digitalización. Es trabajo manual entre herramientas digitales.
¿Tienes demasiados Excel en tu empresa?
El problema no es cuántos tengas. Puedes utilizar cincuenta hojas de cálculo y que todas tengan perfectamente sentido.
La señal aparece cuando Excel empieza a participar en la operativa diaria: clientes, pedidos, presupuestos, stock, proyectos, producción, incidencias, márgenes, seguimiento comercial, planificación o estados que después alguien tendrá que trasladar a otro programa.
En ese momento ya no estás utilizando Excel solamente como hoja de cálculo, has construido partes de tu software de gestión dentro de Excel y esas partes viven fuera del resto del sistema.
Ahí empiezan las versiones diferentes, la información duplicada, las fórmulas que solo entiende una persona y los procesos que dependen de que alguien recuerde qué hay que actualizar y dónde.
El coste de Excel no está en la licencia.
Está en todo lo que ocurre a su alrededor.
Copiar y pegar información, buscarla, cruzarla, comprobarla, corregirla, preguntar qué versión es válida, actualizar archivos, exportar datos de un programa, importarlos en otro, preparar informes o volver a introducir algo que ya existía en otra aplicación.
Por eso una empresa puede estar pagando varias herramientas y, al mismo tiempo, mantener una enorme carga administrativa.
El coste real no está únicamente en cuánto pagas por el software. Está también en las personas que necesita tu empresa para compensar todo lo que ese software no consigue hacer por sí mismo.
Cuando dos programas no se entienden, normalmente una persona hace de conexión.
Esta parte casi nunca aparece en el presupuesto tecnológico.
Un cliente entra en el CRM y alguien tiene que crearlo también en el ERP. Un pedido llega por correo y una persona lo registra. Una modificación termina apuntándose en Excel para trasladarla más tarde. Un informe necesita información de tres aplicaciones diferentes y alguien tiene que descargarla, cruzarla y comprobarla.
Tenemos APIs, automatizaciones, inteligencia artificial y sistemas capaces de trabajar en tiempo real. Sin embargo, en muchas empresas todavía hay personas haciendo manualmente de API entre programas.
Y Excel suele estar justo en medio.
Buscar una alternativa a Excel no significa comprar otra herramienta.
Este es probablemente el error más fácil de cometer.
Cuando buscas una alternativa a Excel para una empresa aparecen soluciones como Google Sheets, Airtable, Notion, Monday, distintos ERP, nuevos CRM y multitud de plataformas especializadas.
Puede que alguna sea exactamente lo que necesitas.
Pero si el problema original es que ya tienes demasiadas piezas, añadir una nueva puede limitarse a cambiar el lugar donde ocurre el problema.
Por eso, antes de sustituir Excel, hay una pregunta mucho más importante:
¿Por qué necesitas ese Excel?
Me interesa saber qué hace que tu ERP no hace, qué información une, quién lo utiliza, qué decisiones dependen de él, qué datos se copian manualmente, con qué otros programas se relaciona y qué fórmulas representan reglas reales de tu empresa.
Incluso me interesa una pregunta todavía más sencilla: ¿qué ocurriría mañana si ese archivo desapareciera?
Ahí empieza a aparecer el verdadero problema.
Tus Excel son patrones de cómo funciona realmente tu empresa.
No empezaría eliminándolos. Los estudiaría.
Una hoja que lleváis utilizando cinco años puede contener mucho más conocimiento empresarial que el manual del software que utilizáis.
Sus columnas explican qué información necesitáis, sus fórmulas contienen reglas, sus pestañas representan procesos y sus excepciones muestran aquello que el software estándar nunca consiguió cubrir.
Incluso un Excel aparentemente caótico puede ser extraordinariamente útil para entender cómo funciona realmente la empresa cuando dejamos a un lado cómo se supone que debería funcionar.
Por eso antes de confeccionar, tomo medidas.
¿Se puede convertir Excel en una aplicación?
Sí, pero no me interesa convertir una hoja de cálculo en una aplicación pantalla por pantalla.
Si un proceso está mal diseñado, construir una aplicación que lo copie únicamente consigue digitalizar el problema.
Primero hay que entender qué información necesita realmente la empresa, quién la genera, quién debe utilizarla, qué tareas pueden automatizarse, qué sistemas deben conectarse, qué pasos sobran y qué debería ocurrir sin intervención manual.
Solo después tiene sentido pasar de Excel a un programa de gestión, una aplicación empresarial o un software a medida.
Pero entonces ya no estaremos copiando Excel. Estaremos utilizando todo lo que Excel nos ha enseñado para construir algo mejor.
¿Cuándo debería seguir utilizando Excel?
Cuando Excel sea realmente la mejor herramienta para lo que quieres hacer.
Puede seguir siendo excelente para análisis, modelos financieros, simulaciones, cálculos rápidos, exploración de información o trabajos puntuales sobre determinados datos.
No quiero eliminar una herramienta que funciona. Quiero eliminar la obligación de utilizarla para compensar otra herramienta que no funciona como tu empresa necesita.
Esa diferencia es importante.
No quiero quitarte Excel. Quiero que dejes de necesitarlo para que tu empresa funcione.
Quizá el problema se resuelva conectando dos programas. Quizá podamos automatizar una importación. Quizá exista una herramienta estándar que ya haga exactamente lo que necesitas.
O quizá todos esos Excel que han ido apareciendo alrededor de tus programas sean la mejor señal de que tu empresa ha desarrollado una forma de trabajar que el software estándar ya no consigue representar.
En ese caso tiene sentido plantearse software propio.
Primero analizaré qué tienes, qué funciona, qué no, qué papel desempeña cada Excel y qué trabajo está haciendo hoy una persona porque dos herramientas no saben hacerlo juntas.
Después decidimos el patrón.
Y solo entonces confecciono.
Ni más de lo necesario, ni menos de lo necesario.